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Bodhana: pequeña ante el tablero, inmensa ante el tiempo.


Por: Dizán Ernesto Alvarado.


***Detrás de la niña que derriba grandes maestros no aparece, al menos públicamente, un laboratorio diseñado para fabricar una campeona.  Hoy Bodhana Sivanandan tiene 11 años, estudia, atiende sus obligaciones escolares y, cuando se sienta frente a las 64 casillas, empieza a desafiar registros que parecían reservados para nombres como Judit Polgár.

Bodhana nació en Londres el 7 de marzo de 2015 y creció en Harrow, al norte de la capital. Sus padres son de origen tamil y proceden de Tiruchirappalli —Trichy—, en el estado indio de Tamil Nadu. La familia se trasladó al Reino Unido en 2007, varios años antes del nacimiento de Bodhana. Su padre, Sivanandan Velayutham, trabaja en el sector de tecnologías de la información.

Bodhana Sivanandan es bastante más que la niña que acaba de levantar el trofeo femenino británico. A sus 11 años ya posee simultáneamente los títulos de FM (Maestro FIDE) y WIM (Maestra Internacional Femenina). Su ficha oficial registra 2303 Elo clásico y confirma una progresión extraordinariamente rápida: WCM en 2023, WFM en 2024, WIM en 2025 y FM en 2026. 

Resulta especialmente atractiva la manera en que apareció el ajedrez en la casa. No parece tratarse del clásico proyecto familiar de fabricar una niña prodigio.  Bodhana no abandonó la educación ordinaria para dedicarse exclusivamente al ajedrez. Sigue siendo alumna de primaria en el norte de Londres; diversas fuentes la sitúan en St John Fisher Primary School, en Harrow. Su agenda competitiva internacional obliga naturalmente a compatibilizar viajes, torneos y preparación con las obligaciones académicas.    Quizá lo más saludable de la historia sea la actitud que públicamente transmite su entorno. No aparece un padre que diga “mi hija será campeona mundial” y organice toda la infancia alrededor de esa obsesión. La historia conocida apunta más bien hacia unos padres que acompañaron un talento que surgió espontáneamente. El padre inicialmente ni siquiera esperaba que aquel interés infantil por el ajedrez fuese a convertirse en algo permanente.

Durante el confinamiento de 2020, Bodhana encontró un tablero que su padre tenía pensado donar. Él conocía básicamente cómo mover las piezas y recurrió a vídeos y recursos de Internet para explicarle el juego. Aquella curiosidad de una niña de cinco años terminó convirtiéndose, seis años después, en una carrera internacional extraordinaria.  En 2023, con ocho años, terminó 73.ª entre 555 participantes del Campeonato Europeo de Blitz, llevándose además el premio femenino; posteriormente llegó a ser número uno mundial entre las niñas Sub-10. Y en 2024 protagonizó otro hito: fue seleccionada para la Olimpiada de Budapest y se convirtió en la persona más joven escogida para representar a Inglaterra en un equipo absoluto en cualquier deporte, no solamente en ajedrez. 

Hay dos registros particularmente reveladores de la dimensión de su talento. En julio de 2025 consiguió, con apenas diez años, la norma de WGM a menor edad de la historia, superando la referencia que había establecido la extraordinaria Hou Yifan.  Poco después derrotó al GM Peter Wells en el Campeonato Británico 2025, convirtiéndose en la niña más joven que había vencido a un gran maestro en una partida clásica oficial. Y acaba de agregar otra pieza extraordinaria a esa colección: en julio de 2026 logró su primera norma de Maestro Internacional (IM) con solo 11 años, batiendo un récord de precocidad que había pertenecido nada menos que a Judit Polgár.  

Precisamente por eso su actuación en Warwick 2026 tiene mayor significado que un simple campeonato femenino. Bodhana disputó el mismo torneo absoluto, rodeada de grandes maestros y maestros internacionales, y terminó con 5½/9; después se impuso a Trisha Kanyamarala en el desempate por el título femenino. El resultado la convirtió en la campeona británica femenina más joven de la historia, dentro de la edición más multitudinaria celebrada hasta ahora.  

Un detalle precioso es que, entre sus referentes aparece José Raúl Capablanca.   No deja de resultar sugestivo que una niña formada en plena era de motores, plataformas digitales y preparación informática manifieste admiración por uno de los grandes símbolos de la claridad y naturalidad ajedrecística del siglo XX.




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