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La otra partida de Samarcanda: tal vez más importante que la Olimpiada misma.

 

Por: Dizán Ernesto Alvarado.


***Elecciones presidenciales FIDE. ojo...¿se abordó el tema en tu país, se dió divulgación de postura a tu comunidad o tu delegado va de acallao?

**Prefieres para tu federación local o la FIDE misma que la dirija un dirigente salido del ajedrez o alguien de afuera que tenga dinero?

Este 26 de septiembre, mientras en Samarcanda, Uzbekistán, las piezas continúan librando sobre los tableros la batalla deportiva de la 46.ª Olimpiada de Ajedrez, en otra sala, lejos del ruido de las partidas, se disputará una de las confrontaciones más trascendentales para el futuro del ajedrez mundial: la elección de la presidencia de la Federación Internacional de Ajedrez (FIDE) para el período 2026-2030. Promete ser una partida reñida, no exenta de maniobras tácticas, disputada con ardor y encono.

La Asamblea General se reunirá los días 26 y 27 de septiembre y, en la elección presidencial, cada federación miembro habilitada dispone de un voto, sin importar si se trata de una potencia ajedrecística como India, Estados Unidos o China, o de una pequeña federación insular.

Para esta elección, FIDE publicó un padrón de 202 federaciones con derecho a voto. No votan los jugadores, ni los grandes maestros, ni los aficionados: votan los representantes de las federaciones nacionales.

Es, en cierto modo, la partida que se juega fuera del tablero y cuyo resultado puede influir durante cuatro años en calendarios, recursos, desarrollo, reglamentos, organización de campeonatos, programas para jóvenes, arbitraje, relaciones internacionales y, en definitiva, en la arquitectura administrativa bajo la cual se desenvolverá el ajedrez.

Una Asamblea tan numerosa y a la vez tan frágil la toma de decisión.

Aquí aparece una de las paradojas más interesantes del ajedrez competitivo moderno. Una federación pequeña tiene exactamente el mismo voto que una potencia que agrupa a miles o millones de jugadores y posee decenas de grandes maestros.

Es el principio de “una federación, un voto”, defendido como una expresión de igualdad soberana entre las organizaciones nacionales, pero cuestionado desde otros sectores porque permite que una pequeña estructura federativa tenga el mismo peso formal que una de las grandes potencias del tablero.

FIDE establece, al menos sobre el papel, una serie de salvaguardas: sus reglas electorales exigen un proceso justo, abierto y transparente; señalan que los votantes deben estar libres de amenazas, presiones o sobornos, y prohíben a los candidatos ofrecer remuneraciones, beneficios ocultos, servicios, viajes u otras ventajas vinculadas con una elección.

El propio Código de Ética califica como soborno ofrecer o aceptar una ventaja con el propósito de influir indebidamente en una elección. Por eso, cuando en el ambiente federativo se habla de “comprar votos”, conviene ser extremadamente precisos: una cosa es la sospecha o la denuncia y otra muy distinta una conducta acreditada por una autoridad competente.

La historia demuestra, sin embargo, que las elecciones de FIDE no siempre han sido ceremonias de trámite. En 1924, cuando nació la Federación Internacional en París, quince delegados firmaron el acta fundacional y eligieron como primer presidente al abogado y diplomático neerlandés Alexander Rueb, quien permaneció al frente de la organización durante un cuarto de siglo.

En 1925 fue reelegido por aclamación y posteriormente volvió a ser elegido en sucesivos congresos. La historia registra incluso un episodio extraordinario en 1939, cuando en Buenos Aires un grupo de delegados votó por sustituir a Rueb por el argentino Augusto De Muro; décadas después, la propia FIDE reconoció que existe evidencia sólida sobre aquel episodio, aunque también dejó constancia de las dudas acerca de su validez jurídica.

Tras la Segunda Guerra Mundial, Rueb volvió a ocupar la presidencia y finalmente en 1949 fue sucedido por Folke Rogard. Desde entonces, la historia de la institución ha conocido presidentes de larguísima permanencia: Rogard estuvo 21 años; Florencio Campomanes, 13; y Kirsan Ilyumzhinov, más de dos décadas.

Esa longevidad explica porque, en la política ajedrecística, las alianzas personales y federativas pueden convertirse en estructuras de poder que sobreviven a varias generaciones de jugadores.  Y existen antecedentes más recientes que explican las sospechas que rodean cada elección.

Anatoly Karpov aspira a ser presidente de la FIDE en 2010.

En 2010, la reelección de Kirsan Ilyumzhinov frente al excampeón mundial Anatoli Karpov terminó con acusaciones de irregularidades, presión sobre delegados y utilización de votos por poder.

La prensa internacional llegó a recoger denuncias de “corrupción” y de falta de transparencia; sin embargo, cuando el conflicto llegó al Tribunal de Arbitraje Deportivo (CAS), las reclamaciones de Karpov y cinco federaciones nacionales fueron rechazadas y el tribunal consideró que las pruebas aportadas no demostraban una conducta parcial o injusta de FIDE en los aspectos sometidos a su jurisdicción.

Aquella elección produjo 95 votos para Ilyumzhinov, 55 para Karpov y 3 abstenciones. ChessBase señala que los votos de Ilyumzhinov procedieron principalmente de federaciones pequeñas de Asia, África y Sudamérica, mientras que Karpov recibió mayor respaldo de federaciones europeas.

Además, el equipo de Karpov denunció problemas relacionados con 56 votos por poder (proxies) y Kasparov afirmó que había existido presión sobre delegados. Es importante acotar que fue denuncia de aquella campaña, no como fraude electoral demostrado.

Garry Kasparov presenta su nombre para presidente de la FIDE 2014.

Kasparov, para el período siguiente 2014, tomó el relevo al frente de las aspiraciones de dirigir el organismo mundial, e hizo una campaña intensa por muchos países; en Centroamérica vino a Nicaragua y Costa Rica. Al final corrió la misma suerte que Karpov, la mayoría de delegados, muchos de ellos entronizados en ese puesto por sus federaciones, les "encantó", les "sedujo" más el verbo del empresario kalmikio Ilumzhinov -tambiéen vino a Costa Rica- y lo reeligieron.

También existe constancia de que la Comisión de Ética de FIDE sancionó posteriormente a Garry Kasparov e Ignatius Leong por una infracción de las normas éticas relacionada con su campaña electoral de 2014; nuevamente, el dato comprobado es la infracción ética, no una demostración general de compra de votos.

Tanto Karpov y Kasparov pensaron que su reconocida y gran trayectoria como ajedrecista y excampeones mundiales sería un atractivo determinante, y ofrecieron proyectos románticos, pero a los oídos de la mayoría de dirigentes con colmillo, eso no los convenció ni conmovió.


Para el periodo 2026-2030, la silla presidencial de FIDE tiene tres novios.

La elección de 2026 tiene, además, una particularidad: no estará en la papeleta el presidente Arkady Dvorkovich, quien había dirigido FIDE desde 2018 y había sido reelegido en 2022.

El 23 de julio, después de que la Unión Europea lo incluyera en su vigésimo primer paquete de sanciones, Dvorkovich anunció la suspensión voluntaria del ejercicio de sus funciones mientras permaneciera sujeto a esas medidas; FIDE designó como presidente interino a su entonces vicepresidente, el excampeón mundial Viswanathan Anand. 

La normativa europea identifica a Dvorkovich como presidente de FIDE y miembro del consejo de administración de la Federación Rusa de Ajedrez y expone las razones de su inclusión en la lista de sancionados.

La carrera quedó así abierta para tres empresarios con fuerte presencia en el mundo del ajedrez: Jan Henric Buettner, acompañado por Malcolm Pein; Wadim Rosenstein, junto a Gordon Tang; y Timur Turlov, cuyo compañero de fórmula es precisamente Viswanathan Anand.

Las tres candidaturas fueron recibidas oficialmente por FIDE y posteriormente validadas por la Comisión Electoral. Los tres han desarrollado campañas internacionales y el sistema electoral convierte cada encuentro con un presidente o delegado nacional en una pieza de una compleja partida diplomática que se extiende por meses y por continentes.

Y en 2026 ya han aparecido nuevas denuncias en el ámbito continental americano: varias personas vinculadas a la candidatura de Martha Fierro denunciaron ante FIDE presuntas irregularidades y abuso de funciones durante el proceso electoral de FIDE América. Esas denuncias fueron publicadas por ABC Color y AIPS América, pero al momento de esta crónica constituyen acusaciones que reclaman investigación, no hechos establecidos mediante una resolución definitiva.

Quizá por eso la elección de Samarcanda merezca para los ajedrecistas una atención semejante a la que despierta la propia Olimpiada.

Mientras millones de aficionados siguen quién gana una partida, quién obtiene una medalla o qué selección asciende en la tabla, una representación mucho más reducida decidirá quién conducirá durante los próximos cuatro años la organización que establece buena parte de las reglas administrativas del juego.

Y hay un detalle que merece ser recordado: en diciembre de 2023 FIDE eliminó de su Carta el artículo que impedía a una persona ejercer la presidencia durante más de dos períodos de cuatro años. La modificación fue aprobada por la Asamblea General, abriendo nuevamente la puerta a la reelección sin aquel límite estatutario.

En otras palabras, las decisiones tomadas en una Asamblea, que puede parecer lejana al jugador de club, al entrenador o al aficionado, terminan teniendo consecuencias muy concretas y, a veces, durante muchos años.

En Samarcanda habrá dos partidas simultáneas: una sobre los tableros, donde los jugadores buscarán la gloria olímpica, y otra alrededor de una mesa de delegados, donde 202 votos tendrán en sus manos la conducción del ajedrez mundial. La primera se verá en directo. La segunda, aunque menos espectacular, puede ser la que determine el escenario en el que se jugarán todas las demás.

¿Cómo depurar y asegurarse la comunidad del ajedrez estar bien representados?

Los ajedrecistas deben de prestar más atención en sus países de como trabaja su federación, ser más activos y fiscalizadores; a final de cuentas, sin deportistas, para qué federación?... vinculándose y fiscalizando, es el principio de cómo comenzar a limpiar y garantizar que las decisiones las tomen realmente gente que les interese el ajedrez en su forma organizativa y no personas vestidas del disfraz de dirigentes y que llegan a defender interes espurios de quienes los eligen y se entronizan en el poder.

Saneando cada federación, se podría aspirar a tener una mejor federación mundial, para el bien de todos. Enciende el botón de alarma cuando mires a tus dirigentes pegados, enamorados, asidos a esos puestos, cuando veas que ellos o allegados de ellos van a comisiones, a seminarios o arbitrar eventos internacionales o incluso olimpiadas, cuando en el medio nacional casi nadie los conoce, tal vez obedezca a tratos y trueques inconfesables, más que a merecimientos o capacidades.

Si no te involucras, las cosas seguirán igual. Si dejamos por un momento las piezas y el software de ajedrez, y pensamos en este tema con la seriedad que merece, podremos aspirar a un futuro mejor.

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