Por: Dizán Ernesto Alvarado.
*** "Juventud, coraje y un recambio generacional que ya es realidad: los tableros de Centroamérica y Latinoamérica brillaron con luz propia -acorde a sus posibilidades- en la histórica 46ª Olimpiada de Ajedrez de Samarkand."
La clausura de la 46ª Olimpiada de Ajedrez en Samarkand, Uzbekistán, deja una lección profunda que va más allá de las medallas: la enorme brecha en infraestructura, patrocinios y respaldo financiero frente a las potencias de Europa y países con enorme tradición y cultura ajedrecística se combate en nuestra región con puro pundonor y talento natural. Para las delegaciones de América Latina, competir en la máxima cita de la Federación Internacional (FIDE) no es solo buscar un puesto en el podio; es la vía más valiosa de fogueo internacional y roce de alta competencia. Enfrentarse cara a cara con la élite mundial dota a nuestros maestros de una experiencia invaluable que, ante la escasez de torneos de primera línea en suelo propio, acelera su madurez técnica y eleva el nivel de todo el continente.





