*Celebración en grande de todos los Uzbekos al doblegar a la India.
La ronda seis de once no es una fecha más en el calendario de la XLVI Olimpiada Mundial de Ajedrez; es la frontera psicológica del torneo, el fin del primer bloque de competencia y el portal hacia un ansiado oasis. Al caer las banderas de los relojes este lunes por la tarde, las delegaciones respirarán hondo sabiendo que el martes 22 de septiembre les otorgará un bendito día libre. El cansancio acumulado tras días de claustrofobia mental dará paso a una noche veraniega donde los tableros se pliegan y se enciende la luz de la mítica Bermuda Party. Esta fiesta tradicional es el gran catalizador social del ajedrez mundial: un espacio descontracturado, rítmico y magnético donde la rigidez de las aperturas se disuelve entre aperitivos, copas y miradas cómplices. Aquí, entre bailes y risas, los maestros de todas las latitudes se despojan de su armadura monacal, dan vueltas por la sala, modelan sus mejores atuendos fuera del protocolo y, por qué no, intercambian números telefónicos en un juego de seducción y confraternidad mucho más sutil y humano que el de las piezas de madera.Este parón es el fiel reflejo de la maravillosa y dispar demografía que compone una Olimpiada, un ecosistema donde la élite y el aficionado conviven bajo el mismo techo.
Evento de calidad, pero, se dan -más veces de lo que se quisiera- piezas en el aire. miniaturas y hasta: "mate del Pastor"....!!!!
Uno de nuestros pilares y mandamientos es decirle al lector las cosas como son, la lirica y la prosa al servicio siempre de la verdad. Ciertamente en este evento se reúne lo mejor del ajedrez de cada país -con excepciones obviamente- y una cita que, aunque no hay premios en dinero, motiva gran parte de la élite a venir; de tal suerte que las intenciones de venir a esta evento son variadas y acordes -las mas veces- a las posibilidades, ambiciones y cultura de cada país; por ello, es honesto citar que un 10% de los participantes llega a la milenaria Uzbekistán con metas hiperambiciosas, con la mente fija en el podio y la obsesión de colgarse una medalla. Para el 90% restante, la gloria es colectiva y los matices son otros: un 40% de ellos compite con un entusiasmo encomiable, buscando escalar posiciones históricas para su bandera y arañar preseas en sus tableros individuales. Sin embargo, la mitad de este gigantesco universo —un 50% romántico y fascinado— viaja y viene acá -al corazón de Asia Central- persiguiendo un objetivo secundario en lo deportivo pero primario para el alma: ver qué depara el destino, disfrutar de la geografía exótica, cazar una fotografía, un autógrafo con los héroes de la élite mundial que admiran en las pantallas todo el año y, por encima de todo, entregarse al placer del turismo.
El día libre invita a perderse en la inmensidad de la Plaza Registán o a caminar bajo las cúpulas celestiales del conjunto de mausoleos de Shah-i-Zinda, un laberinto azul que parece tallado por los mismísimos dioses. Pero para entender el pulso real de la Ruta de la Seda, el cronista debe guiar al lector hacia el corazón latente del Mercado de Siyob (Siab Bazaar). Cruzar sus puertas es un asalto a los sentidos: una marea vibrante de pirámides de albaricoques secos, nueces, pasas doradas y el perfume embriagador de las especias locales. Allí impera el arte ancestral del regateo, un sutil ajedrez callejero donde la clave no es vencer, sino sonreír, negociar con respeto y entender las costumbres locales: vestir con decoro tapando hombros y rodillas al visitar los monumentos sagrados, y jamás rechazar una taza de té verde, que es el preámbulo uzbeko de la hospitalidad. Con el paladar saciado y el espíritu libre de tensiones competitivas, el torneo se toma un respiro, listo para el asalto final de las últimas cinco rondas.
Libre el martes, si, pero en PasionAjedrez les hablaremos de algo muy importante, bastante importante, de un evento que se celebra en paralelo: congreso y elecciones FIDE y es que, esto es tan importante como la competencia misma. Acá hay celadas y jugadas, por decir algo políticamente correcto: no siempre publicables. Gran artículo este martes vespertino. No se la pierdan.









