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Cuando el rey resiste al apagón: crónica del ajedrez cubano en tiempos de penuria.

De morado el GM Lelys Martìnez
Por: Dizàn Ernesto Alvarado.
Webmaster.

En el vasto universo del pensamiento humano, el ajedrez continúa gozando de un estatus intelectual privilegiado. Psicólogos del alto rendimiento coinciden en que no basta con una mente colmada de conocimientos técnicos, aperturas memorizadas y finales estudiados al milímetro: se requiere, además, una arquitectura emocional sólida, estabilidad psíquica y una capacidad de concentración casi ascética para rendir al máximo nivel. El tablero, al final, no perdona grietas interiores.

Con esa premisa viajamos mentalmente hasta La Habana donde se convocò y se està jugando la ediciòn 73 del campeonato nacional. Las fotografías revelan un salón modesto, austero hasta la sobriedad: tableros convencionales, piezas gastadas por el uso y un entorno humilde que contrasta violentamente con la calidad histórica del ajedrecista cubano. Allí, veintiocho guerreros —porque no cabe otro calificativo— dejan colgadas en la puerta del torneo preocupaciones que en cualquier otra latitud serían impensables: que el fluido eléctrico se interrumpa en mitad de una partida crítica; que el simple acto de llegar al local haya sido una odisea en las escasas guaguas que aún circulan, asfixiadas por la falta de combustible; que el frío, insólito y cruel, azote la isla tropical; y, quizá lo más duro, la pregunta silenciosa que carcome: ¿habrá algo en la alacena mañana?

Y aun así, se sientan a jugar ajedrez. En medio de este apocalipsis terrenal, la decisión misma de mover la primer pieza ya es un acto de resistencia cultural.

La Habana, ciudad que alguna vez fue capital mundial del ajedrez en el imaginario latinoamericano, sigue respirando historia entre sus muros descascarados. Aquí se veneró a Capablanca como a un semidiós del cálculo puro; aquí se formaron generaciones enteras bajo la sombra de escuelas estatales que convirtieron el ajedrez en política pública, en identidad nacional. Hoy, esa herencia persiste más por inercia heroica que por respaldo estructural, pero sigue viva.

Paradójicamente, no muy lejos de este drama, en la “vanguardista” Costa Rica —miembro de la OCDE y orgullosa de su institucionalidad— el Campeonato Nacional Absoluto también se juega sin premios económicos. En Cuba por ausencia de recursos. Una ironía cruel si se la compara con las obesas, ofensivamente robustas arcas federativas Costarricenses que, en lugar de potenciar a su élite, la humillan y la arrodillan a competir únicamente por amorssss… amor al tablero, amor a las 64 casillas.

Ser campeón nacional es un honor en cualquiera de los trescientos y tantos países —creo que ya vamos por ahí— que pueblan el orbe. Pero en Cuba, el tablero adquiere otra dimensión: se compite también por una ubicación elegible que permita, eventualmente, salir del país. Siempre pidiendo permiso. Siempre esperando. Ayer mismo informábamos que el Campeonato Nacional Femenino ha sido suspendido hasta nuevo aviso; debía comenzar el viernes en Pinar del Río. No se dieron explicaciones oficiales, aunque nadie necesita demasiada imaginación para entender las razones.

En ese contexto, hoy se disputó, en la capital tropical, la quinta ronda de un total de nueve. En las mesas uno y dos, ocupadas por quienes ostentan  el título de Grandes Maestros, Jorge Roberto, actual campeòn,  frente a Lelys Martínez y Ermes Espinoza contra Dylan Berdayes, las partidas concluyeron en tablas, con el punto dividido y la tensión intacta. En la mesa tres sí hubo “sangre”: Omar Almeida, que venía de caer en la ronda anterior, obligó a doblar el rey a Dereck González. En la mesa cuatro, el GM Elier Miranda, también herido en su orgullo tras una derrota previa, se impuso al siempre experimentado Carlos Larduet. En la mesa cinco, el prometedor y ya descollante Maestro Internacional Daniel Hidalgo forzó al GM Juan Borges a aceptar la división del punto. Recordemos que para Borges este torneo marca un hito personal: su vigésima cuarta final nacional, una cifra que habla de longevidad, disciplina y una vida entera consagrada al juego.

Pese a que muchas estrellas del ajedrez cubano han ido emigrando en silencio, la isla continúa produciendo talentos. No por abundancia de recursos, sino por tradición, carácter y una cultura ajedrecística que se niega a morir.

Las cuatro rondas restantes se jugarán en días consecutivos. Mañana, a las 14:30 horas, el deber vuelve a llamar. El tablero espera y nosotros a la distancia tambièn.

El líder del torneo, el GM Lelys Martínez (40 años), perseguido por seis furiosos colegas que se ubican medio punto atràs, en un mensaje que nos dirigiò, dejó escapar palabras cargadas de una melancolía serena, casi resignada, que resumen el espíritu de toda una generación:

“Mi primer contacto con el ajedrez fue a través de mi papá, cuando lo veía en la casa jugando con algún amigo del barrio, aunque en ese primer momento no me interesé mucho. Mi pasión por el ajedrez comenzó en la primaria, cuando con 10 años fui captado por el profesor Roberto Guerra. En esa primera etapa entrenábamos por las tardes; después comencé a jugar todas las noches con mi papá, que siempre me ganaba… hasta que un día fui feliz al ganarle alguna que otra partida. El ajedrez significa mucho para mí”.

En Cuba, el ajedrez no solo se juega: se sobrevive. Y cada partida, aunque termine en tablas, es una victoria contra el olvido.

TODOS LOS RESULTADOS DE RONDA 5. Domingo 8/2/2026. 14:30 hrs. 

TABLA GENERAL DE POSICIONES TRAS 5de9.

VER PAREO DE ESTE LUNES RONDA 6 A LAS 14:30 HRS.




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