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Un comentario sobre el Pasado y Presente del Nacional por Equipos.

Por: Pablo Bonilla Sequeira.




El Campeonato Nacional por Equipos versión 2010 ha introducido una serie de cambios en su formato, que vale la pena comentar no solo por su novedad, sino también por la filosofía de promoción del ajedrez que trae intrínsecos en su funcionamiento. Meternos más de lleno en la competitividad.
Primero quiero darle un vistazo a grandes rasgos al formato que hasta el año pasado (y que a criterio de muchos, guarda la verdadera razón de ser de este Torneo) tenía este Campeonato Nacional:
Torneo Suizo a 7, 8 o 9 rondas (si la memoria no me falla, debió haber un año con 11 rondas); los equipos cuyo primer tablero tenía blancas era local contra un rival que le visitaba en la sede inscrita para tal efecto. Generalmente la primera y última ronda se jugaban en una sede común. Los días de juego eran los domingos a las 2 de la tarde.
¿Que permite el formato anterior? Que la masa de jugadores “amateur” se puedan medir contra jugadores mucho más fuertes que ellos. Además, le permite a muchos de los que trabajan y tienen familia “balancear” la carga de cumplir con sus responsabilidades familiares y laborales, y también de disfrutar de una buena partida de ajedrez el fin de semana. Eventualmente, mirar el nombre de su equipo compartiendo la cabeza del torneo en “X” o “Y” ronda, y si así lo permitían las condiciones, “jalarse una torta” venciendo a un jugador de los más fuertes, o en casos extremos, a un equipo de los candidatos al título. Por último, el hecho de ir a jugar de visita, o preparar la visita de un rival el domingo que nos toca “defender la casa”, ya en sí es un evento que no solo servía para alimentar la rivalidad ajedrecística entre jugadores, si no que permitía estrechar lazos con otros jugadores, además de conocer los estilos de juego, lugares, problemas de la gente que teníamos que visitar, etc. Se creaban afinidades (ajedrecísticas o no). Para muchos, esta es la “salsa” por la cual el Campeonato Nacional por Equipos valía la pena ser jugado, a pesar de los inconvenientes de jugar en locales incómodos, cansados por el viaje, de las dificultades de conseguir un árbitro, de acomodar a los rivales en forma decente, de tener café y galletas durante el juego, del miedo de no llegar a tiempo o de perderse en la ruta. Y de hecho ha permanecido como uno de los Torneos más populares de los últimos años.
De que carece ese formato? Nivel. Y estoy hablando en forma subjetiva (no me creo un maestro del ajedrez, pero mirando las partidas de la sala de torneo se nota); de lo que he percibido a través de los años. A pesar de la gran cantidad de partidas que se juega, que de vez en cuando salen “joyas” sobre el tablero, y que uno que otro aficionado pone a sudar a los “fuertes”, los maestros y jugadores fuertes en general no son exigidos tanto como en los torneos individuales. La falta de nivel en un torneo que dura de 7 a 9 semanas, a pesar del ritmo de juego tan suave no permite el crecimiento y la maduración de jugadores que se pueden proyectar, o aquellos que buscamos “renacimientos”. Me pueden achacar que hay mucho nivel de juego cuando se enfrentan los equipos fuertes entre sí, pero en general, en el Nacional por Equipos cuesta encontrar partidas como las que se ven en los torneos individuales.
Ahora, los cambios que se ven en el formato de este año le agregan una cuota de competitividad mayor al Nacional por Equipos. No quiero decir que se vaya a ver nivel, pues apenas se va a comenzar con este formato. Vamos a tener un Torneo con Elo internacional al alcance de la “Masa Ajedrecística”. Un torneo con gran dosis de competencia. Y si no me equivoco, en el futuro esto nos beneficiará con un aumento en la fuerza de varios jugadores costarricense. Completamente dentro de los objetivos de la actual Federación de Ajedrez: aumentar el nivel del ajedrez local.
Pero la percepción de algunos jugadores es que este Torneo no tiene “salsa”. O al menos, carece de muchos de sus componentes. Y esta “salsa” ha permitido que muchos jugadores no abandonen su amor por el ajedrez, y ha enamorado a muchos a través de los años. Me incluyo entre ellos.
Me gusta el formato propuesto. Me gusta jugar una partida buena contra alguien que me exija. Me gusta improvisar dentro del tablero en una situación de peligro. Me gusta ganar con estilo también. Todo esto se consigue si aumentamos la competitividad y el nivel de los jugadores. Y el formato de este año lo puede conseguir. Tenemos que probar este formato. Después vendrán las evaluaciones y las mejoras. Pero los promotores de este formato deben pensar si vale la pena perder la “salsa” de este Torneo.
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